domingo, 15 de abril de 2012

La montaña mágica

Fue en la página 495, hacia la mitad de la novela, cuando creí que nunca llegaría a escribir esta entrada. Mi montaña mágica ha tenido una lectura varias veces interrumpida aunque mi tenacidad ha podido con la reiterativa vida en el Berghof, también rota por la intensa actividad interior sobre la condición humana que marca y cambia de manera profunda a Hans Castorp, el protagonista de estos 7 años de estancia en un sanatorio de los Alpes Suizos. Es difícil opinar desde los tiempos actuales sobre una novela de ese tipo; la evolución del género, no sé si paralela a la de la sociedad, parece alejarse de las reflexiones eternas que pueblan las páginas de esta novela a través sobretodo de las peculiares figuras de Naphta y Settembrini, educadores de nuestro protagonista. Discusiones a veces un tanto eternas, de alta exigencia y agudeza mental que dificultan esa lectura nocturna que a tantos nos gusta pero nos coge algo cansados después de las obligaciones de un día de trabajo. Caracterizada con la posibilidad que ofrece una novela de este calibre y durante las páginas de aire fresco que se suceden entre reflexión y discusión de los protagonistas, uno consigue evadirse a los paisajes nevados de Davos-Dorf y casi paladear una de las pantagruélicas comidas servidas en el sanatorio que, como en el mismo género de la novela, parece que tampoco estén hechas para los estómagos de hoy.

Mi montaña mágica, para endulzar un poco la seriedad de la entrada




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