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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Orgullo y Prejuicio

Aunque la lectura vino dictada por las expectativas de aprender alguna palabra nueva en inglés y con el fin de ahondar un poco en el conocimiento de su cultura y tradiciones, la novela me acabó atrapando,  descubriéndome partícipe de su mundo a pesar de lo ajeno y alejado de las convenciones sociales actuales. Poco eco a la más literariamente sobada sociedad londinense de los años cohetaneos; Jane Austen nos traslada a un marco totalmente rural, con sus propias reglas y ritmos, donde termina siendo difícil no simpatizar con las dos hermanas protagonistas, Lizzy y Jane, con sus anhelos y decepciones. El pedigrí y las buenas maneras inglesas encarnadas en la figura de Mr.Darcy, espejo deformado en virajes más tardíos pero igual de característicos como el Gran Gastby y algunos otros de esos tantos hombres inquietantes que pueblan los escenarios y realidades de los muchos días sucedidos desde entonces.
Un mundo de relaciones construidas sobre lo escasamente dicho aunque intensamente deseado, resolución intrincadamente predecible que se sucede entre días monótonos de personajes relativamente anodinos que aún así, construyen un hilo potente de paseos intensos entre los parajes de la basta campiña inglesa.
irrealizables que acontecen posibles en la complicada sencillez de la sociedad inglesa de Austen

martes, 17 de julio de 2012

Bartleby el escribiente

Una novela corta, sagaz, inteligente y envuelta en un permanente desasosiego, todo ello encajonado en cuatro muros de una oficina cualquiera del ya agresivo Wall Street neoyorquino de los 1850's.
Mucho se ha escrito sobre el contexto e influencias bajo los cuales debe leerse el presente texto de Mellville.  La pura realidad de su comprensión se mantiene, desde mi punto de vista lecturista, en la cuerda tensa entre lo exasperantemente cotidiano y la locura más inverosímil, dejando al lector en ascuas desmontadas ante la dramática y precipitada historia del obcecado escribiente y su impertérrito preferiría no hacerlo, tras el cual hay poco que decir pero mucho que contar.

lunes, 20 de febrero de 2012

Las ranas

Sería injusto decir que Aristófanes ha caído en mis manos como lo hacen otros autores. Mi primera comedia griega ha llegado fuertemente recomendada por alguien a quién era difícil negarle al menos el intento y debo decir que ha sido una grata sorpresa leer este título, a pesar de esas notas eternas que pueblan las ediciones clásicas sin las cuales sí, de acuerdo, perderíamos mucha esencia del texto, pero seguramente retrasarían la presbicia de muchos unos cuantos años.
Mentiras, engaños, tratos y disputas, envuelto en un humor de calidad que no se aleja para nada de ciertas situaciones en las que podría verse envuelto uno hoy en día aunque en un escenario con algo más de empaque. La única diferencia es que no seríamos dioses, por suerte, tampoco esclavos.