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jueves, 15 de noviembre de 2012

El temps de les cireres

Después de leer la ópera cotidiana decido investigar un poco más en la obertura que, entre otras, presenta y precede a la obra; vuelvo a Montserrat Roig, en su espera del tiempo de las cerezas, del tiempo de la felicidad; de nuevo ambientado en ese irresistible ensanche barcelonés posfranquista y sus personajes entre aburridamente cotidianos y excéntricamente literarios. Una forma de contar especial y única, en la que los diálogos quedan camuflados en líneas de prosa que desgranan, en un vaivén perfectamente controlado entre el pasado y el presente que construye el tiempo de la novela, la saga de las famílias Calvet y Miralpeix. 
Natàlia vuelve a su ciudad natal después de 12 años en el extranjero. Vuelve queriendo entender y lo primero que comprende es que eso no puede conseguirlo con el simple hecho de encontrarse en el lugar donde todo sucedió en algún momento; una Barcelona donde nada es como recuerda pero donde a la vez parece subyacer una película superficial que todo lo pretende matizar de  una imperturbabilidad imposible e irreal. Espacios y relaciones excelentemente descritos con una sensibilidad que atrapa, haciendo desear que para todos llegue, el ansiado temps de les cireres.
Septembre 2008
La Butxaca
interior de manzana de RCR. Por todos aquellos espacios que el desarrollo de una ciudad ha 
destruído, los mismos que otro desarrollo más tardío intenta recuperar

viernes, 19 de octubre de 2012

La ópera cotidiana

Magistral escenario y caracterización el que nos muestra Montserrat Roig en esta opereta de personajes corrientes que convergen en singular relación. Jóvenes y viejos, fracasados y conformistas, en todos ellos conviven los mismos ingredientes que van alterando sus cantidades a medida que avanzan las situaciones de su devenir, virando el modo de habitar esos días ordinarios de mecanismos cotidianos, exiguamente ambientados de los soberbios momentos que desatan pasiones en el dilatado proceder de la realidad operística. 
Comprometida con los debates intelectuales del momento y deudora de la tradición novelística catalana, a través de una señora Miralpeix vieja pero que todo lo sobrevive, un carnicero apasionado por las mariposas nocturnas capaz de transformar a una charnega analfabeta en catalana instruida y una joven prematuramente anciana desengañada por todo aquello que resta por suceder, desfila la Barcelona franquista y su trasfondo en un lenguaje oral y directo, cuidado en forma y de contenido preciso.
Montserrat Roig
Ediciones destino, 1989

                                                                                                                                  

Porque debajo del decorado
 la esencia persiste, similar
 entre aquellos tan aparentemente
 alejados

viernes, 23 de marzo de 2012

La ciudad de los prodigios

Otra vez caigo en una elección sin casualidades. Hace años que sus páginas amarillentas intentan llamar la atención de entre los demás lomos de la estantería ante una mirada, la mía, que había permanecido imperturbable ante los prodigios que pudiera ofrecerme la maravillosa ciudad de Barcelona y los trajines de su protagonista en esta novela. Pero es el momento el que hace la obra y mi ahora el instante en el que decido sumergirme en las calles y las gentes de la Barcelona de fin de siglo, para caminar por sus rincones e ir viendo las transformaciones de la ciudad que ha ido siendo antes de constituir la urbe que conocemos hoy en día. De la mano de Onofre Bouvila, por el que no he conseguido tener simpatía ni compasión en ninguno de los momentos de la narración, Eduardo Mendoza esboza un maravilloso panorama social, político y cultural, reflejo de esa época convulsa en la que una emergente clase burguesa pugna por tirar adelante un país y unas iniciativas en el que una aristocracia historicista y todavía con mucho poder quiere mantener anquilosado en el pasado. Dos hitos marcan los márgenes de la novela, la Exposición Universal de 1888 y la de 1929. Ambos eventos han dejado una huella profunda en la fisionomía de la ciudad; reflejo de cada momento histórico que acontece un instante único.
Castell dels 3 Dragons, LL. Domènech i Montaner, 1888 y Pabellón alemán de L.Mies van der Rohe, 1929, arquitecturas e imágenes de una época.